martes, 22 de octubre de 2013

CAPITULO V primera parte

-¡Espabílate niña, vamos ya!-exclamo ansiosa la nana jalando a Elisa del brazo lo que la hizo desprender su mirada de la de Damián- Tu madre ha enviado a Jesús a buscarnos…

-¿Qué? –la interrumpió alarmada Elisa- ¿Cómo? ¿Por qué?

-¿Quién es Jesús? –Inquirió curioso Damián al notar el ansioso tono de voz de Elisa-

-El chofer –respondió ella apurada y arremetió de nuevo con preguntas a su nana:- ¿Por qué ha hecho eso mi madre? ¿Te ha dicho algo, Jesús?

-Poco… pero no es momento de indagar, date prisa, salgamos ya –la urgió la nana- Jesús nos espera con el auto afuera, tuve que soltar una sarta de excusas tontas para justificar que no estuvieras conmigo, dudo que se haya creído alguna-resopló-, por lo que tuve que prometer buñuelos para que no le cuente a tu señora madre que no estabas conmigo.

Damián las observaba atento, no entendía nada de lo que sucedía, pero el gesto angustiado de Elisa le calaba los huesos.

-¿Por qué lo ha mandado por nosotras? ¡Nunca lo hace! –insistió Elisa clavada en el suelo, el miedo le impedía moverse. Damián le sostenía su lánguida mano con firmeza tratando de calmarla- ¿Habrá llegado mi padre a casa antes de lo acostumbrado?

La mandíbula se le crispo a Damián al percibir el pánico en el tono de voz de Elisa. No podía evitarlo, saber que su delicada dulcinea temía ser castigada o, peor aun, azotada de nuevo, le elevaba la temperatura de la sangre casi al punto de la ebullición.

-¡No! –Acoto la nana- Eso ni lo digas… Císcalo, císcalo diablo panzón…


-Entonces, ¿Por qué la urgencia?-pregunto Damián al ver que Elisa no podía emitir palabra alguna-

La nana elevo los ojos al cielo en un claro gesto de desesperación, que lentos eran estos jóvenes, ¿ellos eran el futuro? Pues que porvenir más atontado le esperaba al mundo, pensó desesperada ante la parsimonia del par de enamorados.

-El chofer no sabe mayor detalle, tan solo le indico Doña Eugenia que nos buscara y llevara a casa lo antes posible, así que vámonos ya.

Damián hizo ademán de acompañarlas hasta la puerta, pero la nana lo paro en seco.

-No hay que echarle más leña al fuego, mi´jito –levanto la mano delante de él para detenerlo-. Jesús es un chismoso de primera ley, seguro le cuenta a Don Fernando de tu presencia y no quiero decirte la que se armaría…

-Que le diga lo que se le venga en gana –exclamo orgulloso, Damián-No me importa…

-Pero a mi si, amor mío –exhalo Elisa- por favor, quédate aquí, aun no es tiempo de enfrentar a mi padre.

Damián la miro inseguro, no quería dejarla ir. Todo su ser pugnaba por seguir a su lado, por llevarla hasta el carro y de ser posible ir con ella hasta su casa, pero sabía que era imposible, acarrearía demasiados problemas y la más afectada seria sin lugar a dudas su dulce y frágil Elisa.

-¿Cuándo te veré de nuevo? –Preguntó con sentida ansiedad-

-Mañana… Espérame aquí a la misma hora.

-¿Podrás venir?

-Hare hasta lo imposible… y si no puedo te enviare una carta con mi nana.

Una sonrisa melancólica ilumino el rostro de Damián, con delicadeza se llevo la pálida mano de Elisa a los labios y deposito sobre su palpitante dorso un dulce beso. Por unos segundos no se movieron, se quedaron mirando hipnotizados, en sus ojos refulgía el amor y la esperanza de la prometida felicidad. Obedeciendo un impulso más fuerte que su cordura, Damián jalo suavemente a Elisa hacia sus brazos, la arropo con ellos cariñosamente ante la atónita mirada de la nana y uno que otro curioso comensal que degustaba el tradicional cafecito vespertino. A ninguno de los dos les importo en lo más mínimo la gente junto a ellos, en esos momentos sólo existían los dos, el mundo se había desmoronado a su alrededor, desaparecido por completo. El sutil carraspeo de la nana hizo reaccionar a Damián, quien suavemente separo a Elisa de sus brazos no sin antes besarla en la mejilla para calmar el ansia de hacerlo en sus labios.

-Te amo, Elisa… Aquí te esperaré siempre.

-Te amo, Damián… Prometo que vendré.

Los jalones de la nana sacaron a Elisa del trance en el que estaba sumergida y muy a su pesar se encamino hacia la lujosa puerta de cristal del Gran Salón Excélsior. No paraba de mirar hacia atrás, ahí estaba el amor de su vida, su galante Damián, quien la observo atento hasta que cruzo el umbral y salió a la calle.

Afuera, frente al carro, sosteniendo la puerta trasera se encontraba Jesús, el chofer de la familia. A pesar de su corta estatura y redonda figura portaba orgulloso el ridículo uniforme que su madre le hacia calzar; al verla la saludo con una reverente inclinación de cabeza cerrando la puerta una vez que ella y su nana estuvieron dentro.

La angustia de Elisa era palpable. No podía dejar de darle vueltas a la inusual irrupción del chofer en su tarde de compras, obedeciendo las órdenes expresas de su madre. Doña Eugenia nunca la enviaba a buscar, ni mucho menos ponía el chofer a sus servicios, para ella el deber de Jesús era estar a su entera disposición por si  lo necesitaba para algo. ¿Por qué ahora enviarlo? ¿Qué había pasado?... Su mente siguió buscando alguna razón lógica sin encontrarla, se devano los sesos y aún así no hallo justificación lógica para ese extraño suceso. Sin darse cuenta empezó a jalarse los dedos, uno por uno, para tronárselos, fue consciente de ello hasta que su nana le agarro la mano para que detuviera su dañino tic.

-Deja de hacer eso, te vas a desconchinflar los huesos, mi niña –la regaño con dulzura-

-Es que estoy muy nerviosa, nana –se justifico Elisa con la voz quebrada-

-Tranquila, mi´jita. No te preocupes por el día que no has visto venir. –recito la nana una de sus siempre atinados dichos-. Esperemos a ver de que va este enredo, ni caso tiene angustiarse por algo que seguro resultara una más de las excentricidades de tu madre.

Elisa suspiro profundamente. Tal vez su nana tuviera razón. Seguro que sí. Su madre era muy dada a actos exagerados y fuera de lugar. Su aburrida vida la inclinaba a hacer cosas extrañas para darle un poco de vivacidad a sus días grises. Al entrar a la casa había logrado controlar un poco su ansiedad, pero aún así el color del rostro se le había evaporado por completo. Podría ser una treta de su madre. O podría no serlo. Mejor andar con pies de polvorosa. Por eso, ni rauda ni perezosa siguió su impulso de correr a esconderse a su recamara, ahí estaría a buen resguardo de cualquier tormenta que pudiera desatarse, pero cuando había subido el primer escalón la gélida voz de su madre resonó con eco en toda la casa cortándole la respiración.

-Elisa, ven aquí inmediatamente.

La voz venía de la sala de descanso de Doña Eugenia.

Elisa soltó el aire con infinita dificultad, toda su falsa tranquilidad se deshizo en medio segundo. Bajo sin girar el escalón que hacia tan solo instante había subido y resignada se encamino hacia la puerta abierta al final del largo pasillo que pasaba junto a la escalera. Al llegar, se paro en seco en el umbral. Odiaba esa habitación, era demasiado ostentosa, su madre en persona se había dedicado a decorarla para convertirla en su espacio personal de retiro, por lo que por todas partes rezumaba el estilo rebuscado y pretensioso de Doña Eugenia Rivadeneira de Corcuera: los amplios ventanales que debían dejar entrar la blanquecina luz del día que brillaba en el exterior estaban cubiertos por pesadas cortinas de terciopelo color granate que oscurecían macabramente el espacio; el piso estaba cubierto por completo por una carísima alfombra persa del mismo tono que las cortinas. Los muebles eran todos exagerados, predominando los dos sillones estilo Luis XV de finas maderas y tapizados en color ocre brilloso, en medio de ellos resaltaba una mesa de té exageradamente torneada y con superficie de mármol en tono perla mate. El colmo del lujo excesivo era la enorme araña de muchísimos focos que colgaba del techo en medio del salón, la cual, por cierto, era el orgullo de su madre porque la había mandado a traer de Francia; siempre que podía la presumía ante sus amistades.

-Mande usted, madre –exclamo, Elisa, fingiendo serenidad-

Doña Eugenio levanto la cara hacia su hija, elevando la barbilla de esa forma tan altiva que la caracterizaba. Dedicándole una mirada despectiva dijo con un dejo de desprecio en su tono de voz:
-Hace un rato habló tu padre, tenemos invitados a cenar –revisando a Elisa de pies a cabeza, agregó:- Me ha indicado que es algo formal, así que cámbiate esa horrible ropa que traes y viste con algo elegante, no quiero que me hagas pasar vergüenza, que van a decir los invitados de tu padre, ¿Qué no tiene dinero para comprarle algo a su hija? Así que escoge de las prendas nuevas que te ha diseñado Madame Rostan, por favor.

Elisa frunció el ceño. Detestaba sobre manera los recargados vestidos que esa señora le había traído. No eran para nada de su estilo, ella era más bien de prendas sencillas, sin tanto holán ni engorrosas mangas.

-¿Sabe usted quien vendrá a cenar, madre? –pregunto suspirando fastidiada-.

-Eso es algo que a ti no te importa –enfatizó con altivez- Limítate a obedecer.

Elisa enarco una ceja suspicaz. Su madre es todo, menos discreta, adora anunciar con bomba y platillo a los distinguidos invitados de su padre. Aguzo la mirada para observarla, estaba más avinagrada de lo normal; su gesto lucia más adusto que de costumbre. Eso solo podía deberse a una cosa: Ignoraba la identidad de los invitados de su padre… ¡La curiosidad la carcomía por dentro! La vena resaltada de su frente la delataba, estaba alterada por no saber a quien recibiría en casa esa noche.

-No tiene la menor idea de quienes son, ¿verdad, madre? –se burlo con disimulo Elisa, disfrutaba verla tan descompuesta, por lo menos se veía un poco humana-

-No seas insolente, Elisa –espeto furibunda clavándole una endemoniada mirada- Obedece de inmediato y deja de decir sandeces.

Elisa rio por lo bajo encaminándose a la salida, había cachado a su madre, estaba histérica por no saber a quien había invitado su padre a cenar. A penas había dado un paso fuera del salón cuando las filosas palabras de su madre la pararon en seco.

-No me expreso propiamente quienes son los invitados, pero menciono algo referente a tu futuro- Doña Eugenia sonrió con malicia- Así que creo suponer de quien se trata. Estoy segura que tú también te lo imaginas, ¿verdad, hijita querida?

La virulenta insinuación de su madre le cayo peor que un balde agua helada. No, él no. Por Dios, que él no sea el invitado de su padre. Cualquier persona, el mundo entero si querían, pero él no. Soportaría a todos los estirados conocidos de su familia, menos a él. Ernesto del Cueto es un petulante insufrible que su padre quiere encasquetarle de pretendiente a como de lugar. En otras ocasiones lo ha tolerado con exagerados esfuerzos, esta noche no podría siquiera pasar un segundo en su compañía.

-No bajare –exclamo en voz baja- Así mi padre me mate a golpes por desobedecerlo, no bajare.

Decidida subió los escalones de dos en dos, olvidándose de sus modales de dama entro corriendo a sus aposentos azotando la puerta detrás de ella, paso el pestillo y se aventó en la cama a llorar su desventura. Lo último que deseaba en el mundo era estar sentada a la misma mesa con Ernesto del Cueto compartiendo una cena y más si era para “tratar” su futuro. Ni hablar, de eso nada. Prefería morir de lo que fuera encerrada para siempre en su recamara. Una actitud bastante dramática, pero la sola idea de esa reunión sacaba la peor parte de ella, no podía evitarlo, detestaba a su padre y al intento de pretendiente que quería acomodarle a como diera lugar. No, ella no lo permitiría, su corazón, su alma, su vida… toda ella entera pertenecían a Damián, sólo el podía hacerla salir de su habitación, sólo él podía salvarla del funesto destino que se le avecinaba. Solo él, su Damián.


Ajeno a los tortuosos pensamientos de Elisa, Damián caminaba bajo la lluvia. Se había quedado prudentemente dentro del restaurante cuando ella salió de ahí, pero observando todo desde la ventana, cuando vio que el carro avanzo cruzo la puerta y se quedo mirando como se alejaba dejando una estela de humo negro tras de sí. Sin darse cuenta se había quedado petrificado, de pie en la acera mirando hacia la calle vacia por donde el auto con Elisa en él habían desaparecido minutos antes. No fue su consciente del estado casi catatónico en que se encontraba hasta que una gruesa gota de agua cayó sobre su frente trayéndolo de vuelta a la realidad, a esa le siguieron muchos más que amenazaban con convertirse en un chaparrón de aquellos. Sin paraguas con que guarecerse de la esperada lluvia de todas las tardes de septiembre en Guadalajara, Damián se elevo el cuello de la chaqueta para protegerse un poco y apretó el paso de su andar para llegar lo antes posible a su domicilio.

Al llegar a su hogar Damián corrió hacia las escaleras para dirigirse a sus aposentos a cambiarse la ropa empapada por la lluvia, pero a penas había subido dos peldaños cuando del salón familiar escucho la voz de su padre que lo llamaba.

-Mande, usted –respondió entrando en el salón-

-Te tengo noticias, hijo mío-exclamo Don Gerald-

-¿Buenas o malas? –Inquirió Damián con el entrecejo fruncido al ver el estupor en el gesto de su padre-

-Todo depende de la perspectiva con que la aprecies –adujo secamente levantando la vista de la copa de brandy que sostenía en la mano y mirando al fin a su hijo, al ver el estado en que se encontraba, agregó:-. Sube a cambiarte, vas a enfermar. Te espero aquí para que conversemos.

-No, padre… por favor, primero dígame…

-No seas insolente y obedece, Damián. Sube a quitarte esa ropa mojada o pescarás un resfriado sino es que algo peor.

Damián no se movió un ápice de su lugar, le importaba un comino enfermarse, necesitaba saber lo que su padre había platicado con Don Fernando, no le había dicho que de eso se trataba, pero estaba seguro que de eso era, ¿de que más podría ser? Esta mañana había dicho que hablaría con ese señor.

-Padre, disculpe mi irreverencia, pero me urge saber la noticia que me tiene –tosió un poco-. ¿Por qué es sobre su conversación con Don Fernando, verdad?

-Efectivamente, es sobre eso –lo miro severo-, pero no te informaré nada hasta que no me obedezcas.

A regañadientes Damián giro sobre sus talones y salió disparado a su recamara para cambiarse de ropa. El ansia le carcomía los nervios, por lo que en un santiamén estuvo de regreso, aseado y seco, delante de su padre, quien al verlo entrar le hizo un gesto con la mano para que se sentará en el sillón frente a él, pero Damián lo rechazo, estaba demasiado inquieto como para tomar asiento.

-Por favor, padre, no le de más vueltas –le suplico Damián-

-Esta mañana fui a visitar a Fernando Corcuera a sus oficinas –tomo un trago y el caliente liquido le resbalo como terciopelo por la garganta-, ha dado su venia para que cortejes a su hija y en un tiempo considerado te comprometas con ella.

Los ojos de Damián brillaron de una indescriptible emoción que descendió hasta sus labios curvándolos en una sonrisa de felicidad pura. Antes de lo que pudiera imaginar vería de nuevo a su Elisa y ahora no a escondidas, sino a los ojos de todos, siguiendo el protocolo de los cortejos para en un breve lapso de tiempo convertirla al fin en su esposa. Miro a su padre con atención, buscando en sus ojos un eco a su alegría, pero la preocupación que vio en ellos ensombreció su momento de dicha. Recordó el gesto adusto con el cual lo encontró al llegar a casa, ¿Por qué estaba así su padre? ¿A caso ya no estaba convencido de su matrimonio con Elisa?

-¿Qué lo tiene así de preocupado, padre? –Titubeo al preguntar, temía la respuesta-

-No es preocupación, hijo mío –contesto sin dejo de emoción-. Es sólo que hoy tuve que hacer uso de una artimaña fuera de mis principios.

-¿A que se refiere? No lo entiendo, padre.

-Para que Fernando accediera tuve que chantajearlo –farfulló al fin soltando el aire-. No me siento en lo más mínimo orgulloso de eso, sé que es por tu felicidad, pero aún así siento que traicione mis principios.

-Lo siento tanto –Exclamo, Damián tragando el nudo que se le formo en la garganta-, gracias por eso, padre… y no se sienta mal, recuerde el principio de Maquiavelo.

-Lo sé y también sé que no pudo haber sido de otra forma, ese hombre jamás hubiera dado su permiso de no haberlo coaccionado de esa manera.

Un silencio atronador se estableció entre ellos. Damián estaba estupefacto, conocía de sobra lo derecho que era su padre, todo un caballero, jamás en su vida había hecho nada de lo que tuviera que avergonzarse y saber que ahora, por su felicidad, había sido capaz de utilizar una bajeza como lo es el chantaje lo tenía atónito, pero sobre todo conmovido, su padre lo amaba entrañablemente. Se acerco a él con cautela y sin mediar palabra alguna lo abrazó encerrando en ese pequeño gesto cariñoso toda la gratitud que le profesaba por haber ido más allá del bien y el mal para conseguir que pudiera unir su vida a la de la mujer que ama.

-De nada, hijo… Por tu felicidad lo volvería hacer las veces que fuera necesarias, tú y tu madre son mi vida, por ustedes soy capaz de cualquier cosa –exclamo con la voz quebrada dándole unas palmaditas en la espalda a su primogénito-. Anda, avísale a tu madre que salimos en un momento, Don Fernando nos espera en casa para hacer oficial el noviazgo.

Con suavidad Damián se separo de su padre, en un par de zancadas alcanzó la puerta del salón, pero antes de cruzar el umbral se paro en seco. Había sentido algo más en el tono de voz de su padre, estaba seguro que algo le ocultaba.

-¿Le preocupa algo más, padre? –Pregunto desde el quicio de la puerta-

Gerald Metzger se sobrecogió por la pregunta. Si, algo más lo tenía ansioso, más no consideraba prudente empañar la felicidad de su hijo, lo que pasaba por su cabeza eran meras suposiciones que rogaba al cielo no se cumplieran. La guerra en Alemania recién había comenzado, el ejército nazi era fuerte y bien organizado, lo más probable era que terminara en corto tiempo, pronto su nación volvería a ser fuerte como antes del tratado de Versalles. Su angustia no tenia fundamento, pero aún así no podía dejar de darle vueltas, ¿Y si la guerra se prolongaba? ¿Les afectaría a ellos aún estando tan lejos? No veía el modo de que así fuera, por lo que no tenía caso preocupar a Damián con conjeturas descabelladas.

-Que se nos haga tarde… bien sabes que detesto la puntualidad, nos esperan a las 7 y media de la noche así que date prisa, por favor –espeto con seriedad-.

-¿Seguro, padre? ¿No hay algo más? –arremetió sagaz, Damián-

Don Gerald lo miró largamente cavilando si debía o no hacerle participe de la otra inquietud que lo atormentaba. Coaccionar a Don Fernando había sido casi demasiado fácil, temía que tomará algún tipo de represalia o planeara alguna argucia para echar abajo el compromiso de Damián con Elisa. Ese señor no era de fiar, seguro se había guardado alguna buena carta bajo la manga y la sacaría en el momento menos esperado, justo cuando ellos estuvieran confiados de haber alcanzado la felicidad.

Después de pensarlo, decidió que si, su hijo debería saber. Más valía estar atentos.

-Solo una cosa, hijo mío…  No hay que bajar la guardia con Fernando Corcuera.

-Jamás, padre. Ese hombre no tiene palabra.

-Exactamente.-exclamo Gerald torvamente-

-¿Eso era todo? ¿No lo angustia nada más? –Insistió Damián-

-Nada. –Exclamo tajante para dar por terminada la conversación-


Las palabras de su padre no lo convencieron en lo más mínimo, pero aún así se limito a asentir con la cabeza e ir a avisarle a su madre. Por más inquietud que le provocará el gesto de ansiedad de su padre, no podía detenerse a pensar en él, en ese justo instantes solo un nombre dominaba sus pensamientos: Elisa… Su Elisa. Nada ni nadie lograría separarlo de ella. Si antes no hubieran podido, ahora, que un futuro promisorio se abría ante ellos, menos.

13 comentarios :

  1. ay dios por favor q alguien le diga a Elisa q es Damian el q va a ir a cenar junto con sus padres porq donde ella no baje.. el idiota de su padre va a sacar ventaja de eso .... bueno eso digo yo ... Do Gerald ... oh dios por favor q todo salga bien y todavia nos queden mas capitulos antes de ese LLAMADO porq digo por algo se llama asi la historia jejejeje .... amiga me sorprendes cada ves mas y es u honor poder acompañarte e este viaje.

    tu tranquila q la imaginación es muy grande y mas cuando das los detalles de cada cosa q pasa en el capitulo las imágenes aparecen solas ... ya quisiera yo escribir asi ,,, ok ya shhhh!!! q yo no digo nada mas .. te lo prometí y lo cumpliré =D

    una ves mas gracias y a la espera de esa Cena q nos tiene en un hilo...... a trabajar duro con las nominaciones en la LOKOTECA ;-D

    ResponderEliminar
  2. hay ya.... ME ENCANTOOOOO!!!!!!!!!!!!!!

    creo que con eso lo dije todo, un besazo !!!

    ResponderEliminar
  3. ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh me encanta tu historia solo q me preocupa si mi tocaya no baja ella no tiene idea q son ellos los q iran a cenar q la nana se lo diga profavor ....q como dice Jelly el papa de ella aprovechara esto para desechar el noviazgo ahhhh q angustia no nos pueden dejar asi .....
    q ansias hasta el proximo capitulo ....un abrazo gigante ...mil gracias ....

    ResponderEliminar
  4. Hola Kris!! Estaba un poco atrasada con la lectura, pero ya logré ponerme al día, y como siempre lejos de la decepción, la historia va cada vez más y más interesante!! Lo de las fotos que dijiste en el face, no te preocupes, como siempre te dije y te comento Jelly más arriba, con la descripción que haces de cada lugar y de cada sentimiento, solo tenemos que dejar volar un poco nuestra imaginación!! Vos tranqui, que nosotras te esperamos para cuando vos puedas publicar! Nos leemos nena. Bss

    ResponderEliminar
  5. Estos dos no la van a llevar facil... X Dios!!!... Que manera de sufrir!!! ... Bendito viejo!!!...

    ResponderEliminar
  6. Nena como siempre, EXCELENTE, tienes razón Jelly, pensé lo mismo, quizas se escapa y el papa se guinda por allí como dicen acá...en fin esperemos que no haga una de las suyas, quizás la nana los vea y le avise...que se yo.....
    no queda mas que esperar el próximo capitulo... gracias por compartir con nosotras....
    Un besote nena... :)

    ResponderEliminar
  7. KRIS! me encanta tu relato, logras q me sienta ahí en guadalajara en esa época!! me encanta!!
    pero ya estoy sufriendo!!ay mi pobre corazoncillo!!
    la verdad ni se noto lo de las fotos, estuvo tan intensa esta primera parte!!! q ya quiero q sea DOMINGO!!

    tqm.

    ResponderEliminar
  8. Hay Dios mio!!!!! Proximo capitulo please!!! Super Kristelll super!!!

    ResponderEliminar
  9. Ojala que el papá de Elisa no les tenga preparada alguna sorpresa a esta pareja. Ellos me encantan, son tan dulces y romanticos, Kristell, tu si sabes como hacer parejas bonitas.
    Muchas gracias por el capi, esperó con ansias el siguiente, me encanta leerte y ya sabes que estoy al pendiente.
    Nos vemos y te mando un abrazo.

    ResponderEliminar
  10. Por lo menos no era Fernando, quien atormentaba a la nana, era el chófer. Espero que la nana Chata avise a Elisa que los invitados a la cena son Damian y sus padres, si no se perderá la cena.
    A la espera del próximo cápitulo. Besazos

    ResponderEliminar
  11. Siempre te he dicho que me impresiona muchisimo el palalelo entre el hogar de Damian y el de Elisa, para que luego digan que los alemanes son frios. Espero que si quiera bajar a cenar... ay Dios, que nervios!!!! Nana Chata... ayudameeeeeeeee
    Esta novela me encanta, es un viaje al pasado que disfruto muchisimo... es preciosa. Besos mil amiga, ya sabes, VAMOS POR TODO... LIMITLESS!!!

    ResponderEliminar
  12. Dios!!! Que todo salga bien en la cena..... Pero creo que soy demasiado optimista.

    ResponderEliminar
  13. Cómo no le dice Don Fernando que es Damian el que va a cenar?? Solo faltaría que no se presente Elisa ala cena...espero que si vaya!!! Aunque no se por que me da a mi que la cena no va a ser tan perfecta... Don Fernando se guardará algun as bajo la manga, espero equivocarme!!! Ya sabes que me encanta tu historia y que a cada capitulo me engancha más!!! VAMOS POR TODO :D Besos

    ResponderEliminar